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El Boyero de Berna, también conocido como Bouvier Bernois, es un perro que necesita mantenerse activo. Algunas actividades que le pueden estimular son: las salidas a la montaña, el carting (enganche y tiro de carritos), las competiciones de obediencia, ejercer tareas de búsqueda y rescate o participar como perro de terapia (visitando hospitales y asilos).
Origen
El Boyero de Berna es una raza muy antigua procedente de Suiza, que con el paso de los siglos y los diversos cruces realizados, ha llegado a ser el perro que hoy conocemos. En su país natal, el Bouvier Bernois era utilizado por los campesinos como perro guardián y ayudaba a los ganaderos bovinos a mantener a salvo los rebaños. A finales del siglo XIX, debido a la buena reputación de los quesos suizos, los campesinos le sacaron el máximo rendimiento al Bernés y lo destinaron a tirar de carros lecheros.
Comportamiento
El Boyero de Berna es equilibrado, leal, amable, decidido y tiene un instinto de guarda muy marcado. Tiene muy buen carácter, es independiente y reservado con los extraños, aunque afectuoso con sus dueños.
Aspecto
El Bouvier Bernois es un perro grande, robusto y bien proporcionado. Sus extremidades son estrechas y fuertes. Tiene unas orejas medianas, triangulares y que le cuelgan a los lados de la cabeza. Su cola es peluda y le cae hasta el torso. El pelo es fino, liso y largo y de color negro con manchas marrón rojas en las mejillas, ojos, piernas y pecho. Tiene marcas blancas en la cabeza (claramente delimitadas y simétricas), en el cuello, en el pecho, en los pies y en la punta de la cola.
Cuidados específicos
El Boyero de Berna necesita mucho espacio y si no se le puede sacar a diario, hará falta que viva en una casa con jardín. Al ser un perro robusto, puede vivir perfectamente al aire libre siempre y cuando disponga de una caseta en la que refugiarse en caso de mal
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La violencia y las muertes en Bagua son el producto de la voluntad del gobierno de Alan García de completar la reforma incompleta por la que tanto han clamado los neoliberales. La última vez que un gobierno estuvo a punto de desencadenar similares actos de violencia fue en Arequipa, en junio de 2002, cuando miles de personas salieron a las calles a protestar contra la privatización de Egasa y Egesur.
Entonces, la mesura del gobierno de Toledo, que desistió de las privatizaciones, impidió el enfrentamiento violento. Por ello, la derecha lo acusó de blandengue. Dicho esto, ciertamente el gobierno de Toledo no cambió el curso general de la política económica durante el resto de su gestión.
En las elecciones del 2006, la mayoría de la población estaba a favor del cambio, lo que no era novedad pues ese es el curso que, en general, estaba recorriendo el conjunto de América Latina. Así, al asumir el poder, el gobierno de García contaba con la legitimidad para buscar un nuevo equilibrio en las relaciones entre mercado y Estado.
Pero eso no sucedió. Por el contrario, el gobierno abrazó por completo el discurso neoliberal. Como dijo ayer en un editorial Fernando Eguren, director de La Revista Agraria de CEPES, no podemos desligar la protesta de las poblaciones nativas y los luctuosos hechos de Bagua, que ha cobrado hoy día la vida de pobladores y de la policía, del discurso presidencial expuesto en el manifiesto El síndrome del perro del hortelano de octubre del 2007 (www.cepes.org.pe).
Esto dijo García en ese hoy tristemente célebre manifiesto, lo que también nos recuerda Eguren: Hay millones de hectáreas (has) para madera que están ociosas, otros millones de has que las comunidades y asociaciones no han cultivado ni cultivarán, además cientos de depósitos minerales que no se p
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