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Ultima entrevista a Víctor Raúl Haya de la Torre, celebrada en VILLA MERCEDES por el conductor del programa Contacto Directo del Canal 4 TV, Alfredo Barrenechea en mayo de 1978.
BARRENECHEA: Usted dijo en su discurso en la Plaza San Martín (Lima, 6 de enero de 1978 N.R.) que estaba más cerca de la muerte que de la vida; pero ¿qué sintió usted cuando en 1932 estuvo al borde de la muerte por fusilamiento? ¿Cómo fue su experiencia en ese momento?
VICTOR RAUL: Bueno, ese es otro tipo de experiencia porque uno está al borde de la muerte incidentalmente. No es nada que generalmente sea una cosa fatal, no es como por ejemplo cuando uno tiene 83 años y sabe que está más cerca de la muerte que de la vida. Con todo en ambas situaciones hay condiciones diferentes que se refieren al momento en que se vive y a la actitud en que uno está para enfrentarse a la vida.
BARNECHEA: ¿Cuál es la actitud de una persona de 83 años para enfrentarse a la vida política?
VICTOR RAUL: Bueno, si se siente bien, si se siente fuerte, si se siente vigoroso, es la actitud de un joven. Hay muchos jóvenes viejos. En mi caso yo me siento joven todavía. Sobre todo joven de mente, joven de los cinco sentidos, que es algo muy importante.
BARRENECHEA: Víctor Raúl, usted ha dicho hace algunos años que considera que el Partido Aprista no debe hacer más alianzas; eso lo declaró usted en la revista Caretas hace algunos años- ¿Usted cree que las alianzas del Partido a partir de 1956 le hicieron daño al Apra?
VICTOR RAUL: No, porque las alianzas en ese momento son alianzas de formación y en esto todos los grandes revolucionarios y los grandes expertos en problemas de relaciones, han dicho que es una necedad no pensar en alianzas. No hay partido en el mundo que no haya celebrado alianzas. Además nosotros no hemos celebrado nunca una alianza sustantiva, una alianza fundamental. Hemos celebrado alianzas parlamentarias, compromisos efímeros que han tenido solamente duración muy limitada, además compromisos de urgencia. Nosotros hemos sido un partido muy perseguido, un partido muy asediado y nosotros requeríamos, en un momento casi desesperado, buscar quien nos ayudara o quién nos entendiera. El problema en el Perú es que no hay entendimiento político, porque no hay educación política. Es un problema de ignorancia, es un problema de incomprensión por falta de capacidad y de preparación.
BARRENECHEA: En observaciones tejidas en torno a la experiencia del 45 al 48, se habla mucho; hay muchos libros escritos- sobre los alientos que el Partido Aprista daba a insurrecciones militares o insurrecciones populares contra el régimen legalmente constituido. ¿Qué hay de esto?
VICTOR RAUL: ¡Eso es falso! Esos son productos de la imaginación enfermiza de los opositores del Apra. Eso no tiene ninguna veracidad. Nosotros fuimos leales cooperadores y leales aliados del gobierno constituido... Yo no quisiera hablar más de esto porque tendría que asomarme al problema de las personas
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Los Funerales de HAYA
Tres décadas después, y en un momento difícil para el aprismo,
la memoria de los funerales del fundador del PAP
aún conmueve a tirios y troyanos.
Más allá de fronteras partidarias o generacionales, la muerte de Haya de la Torre, ocurrida en agosto de 1979, provocó una conmoción nacional y continental nunca antes vista y nunca después repetida. Hizo, además, que el Perú presenciara lo que, con toda seguridad, fue el funeral más grande de nuestra vida republicana. Gracias al testimonio de viejos y nuevos militantes del APRA, esos momentos históricos reviven y afloran algunas revelaciones, entonces escondidas en medio del dolor.
La multitud, el dolor, la joven dirigencia. Los primeros días de agosto de 1979 marcaron el paso de Haya a la inmortalidad, con lágrimas en los ojos y preguntas para el futuro que, en efecto, fue diferente. Alan García entonces era tan sólo Secretario de Organización del PAP.
CUENTAN que el día anterior, en algún momento, Haya de la Torre apretó tres veces la mano de Jorge Idiáquez, su secretario personal, pero no pudo decir nada, pues el hondo estado de coma en el que estaba le había quitado por completo la magia de la palabra. Para entonces, en Villa Mercedes -su hogar-, y acaso en todo el país, sólo se esperaba el último desenlace.
El jueves 2 de agosto de 1979 por la noche, los médicos Santiago Carranza y Luis Pinillos Ganoza, así como algunos dirigentes del APRA, miraban con desesperanza el aparato que medía los signos vitales del "Compañero Jefe". Finalmente, a las 10 y 47, Haya lanzó su último hálito de lucha. Armando Villanueva, dolido pero con fuerza, salió a la puerta de la casa e informó a los periodistas: "¡Ha muerto Haya de la Torre! ¡Viva Haya de la Torre!"
En pocos minutos, la dirigencia mayor del viejo partido se congregó en Villa Mercedes, unida por la fraternidad más dolorosa de su medio siglo de existencia. Alan García, entonces joven secretario de organización, se abrazó con Carlos Roca en medio de lágrimas mutuas.
Haya en vida y Haya en el recuerdo. Dos décadas después, la mística y mitos apristas siguen en pie, a pesar de los fracasos.
Al día siguiente, muy temprano, Haya, como si aún muerto condujera a su gente, salió de Villa Mercedes rumbo al local de la avenida Alfonso Ugarte. Desde Vitarte hasta el Centro de Lima la gente se apostó a la vera del camino. Fernando Arias, hombre cercano al líder, conmovido, le comentó a su esposa, la ex ministra de Salud Ilda Urízar: "Tengo ganas de contarle al Jefe que el Jefe ha muerto".
Ya en la sede partidaria, un gentío impresionante esperaba la última llegada del primer gran líder político de este siglo. Cientos de arreglos florales inundaban las calles aledañas y llegaban delegaciones de colegios, de clubes deportivos, de instituciones públicas y privadas, de familias y personas que crecieron con el antiimperialismo en el alma.
Al frisar la mañana, Luis Bedoya Reyes llegó a Alfonso Ugarte envuelto en una seriedad impenetrable. Saludó a los líderes del APRA y se paró, sereno, algunos minutos frente al féretro de Haya. Horas después llegaron Jorge del Prado, Héctor Cornejo Chávez y Fernando Belaunde, cada uno por separado, aunque milagrosamente unidos por la triste circunstancia.
La tumba del viejo e incontrastable político.
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